miércoles, 30 de marzo de 2016

El amor mío

No sé cómo escribirte poesía, si la llevas tatuada en el alma.
No sé cómo hacerte feliz, si la felicidad la traes tú.
No sé cómo iluminar por dónde caminas, porque tú iluminas mi camino.
No sé cómo llenarte de emociones, si tú eres quien las inspira todas.
No sé cómo llevarte al cielo, si tú eres el mío.
No sé dónde está el sol, si tú lo llevas en los ojos.
No sé cómo adorarte, si tú corazón es todo lo que tiene adoración.
Ahora que he soltado el cigarrillo, no sé que hacer con mis manos si solo quieren estar en las tuyas.
No sé si pueda sembrarte un mundo nuevo, si tú eres todo el mundo que quiero conocer.
No sé cómo hacerte mejor, si tú ya eres perfecto.

No sé quizás si alguna vez de verdad pude amar, si tú eres todo el amor mío.

lunes, 16 de marzo de 2015

En el parque

Preparó el café y salió de casa como cuando se tiene afán, aunque no lo tenía. 
Sabía que llegaría antes y que debería esperar sentado viendo pasar la gente, viendo pasar el tiempo. A pesar del café, su boca tenía un gusto a vino, a buen vino seco de esos que dejan la lengua queriendo más, casi como si el vino la besara y ella solo quisiera más.

Salía el sol, el parque aún estaba húmedo del rocío de la madrugada y esperaba atentamente mientras pasaban los pasos de los desconocidos, miraba sus pasos porque no quería levantar la cabeza, quería que fuera una sorpresa aun cuando tuviera que fingir que era una sorpresa.

Revisó la hora, aún faltaba tiempo. 

Llegaron los pájaros a sus pies, ellos ya le conocían y sabían que siempre traía alguna galleta vieja para desmoronar mientras esperaban juntos. Aunque desmoronaba las galletas con nervios, los pájaros comían con alegría de la mano de su amigo que desde hacía algunas semanas se sentaba allí. Bastó con sentarse una sola vez para que dejara de ser casualidad su visita diaria y los pájaros sabían que contarían con un saludable desayuno a base de avena. Con otra bolsa preparada, los pájaros querían saber qué cargaba allí, pero su amigo nunca los dejó probarlo.

Los pájaros eran los únicos que lo veían realmente, los únicos que conocían su existencia, que llevaban la cuenta de los días que su amigo pasaba allí sentado, sin importar la lluvia o el sol, sin importar el estado de ánimo, a sabiendas de ser invisible, todos los días estaba allí sentado, esperando.
Esperando.

Pensando que probablemente su soledad algún día se retiraría y esperando que ese fuera el día. Que por fin, tanta espera diera resultado y la soledad se retirara por la puerta de atrás, abandonándolo para siempre. Dejaba de sentir soledad solamente en esas mañanas en las que esperaba con ansías el mejor momento del día, aunque lloviera o hiciera sol, o no tuviera dinero, o lo que fuera, siempre era el mejor momento del día. Las mañanas para él se habían convertido en un ritual en el que la espera era lo único que le daba una esperanza, una luz llena de sonrisa. 

Sentado en el parque con sus amigos los pájaros, esperando que esa mañana las cosas cambiaran para siempre. 

Los pájaros escucharon los pasos que se acercaban anunciando la llegada de partir, antes que él mismo los escuchara, así que tomaron las últimas migajas a sus pies y levantaron el vuelo, asustados por el nervioso palpitar de su amigo, que miró al horizonte esperando que apareciera.

De repente, tras los árboles ella estaba allí. Sus pasitos guiados por el camino, como saltando, como jugando. Su lengua afuera y sus pasos agitados, le hicieron saber al buen hombre que venía cansada, buscando algo de beber.
Él, emocionado, abrió la bolsa, sacó una botella de agua y un tazón, y empezó a servir el agua en el piso para su compañera, quien se acercó a saludarlo moviendo su cola, feliz de verlo nuevamente. Le acarició su cabeza suavemente y le rascó tras la oreja derecha invitándola a beber y a comer, esta vez una merienda diferente que un amigo suyo de la oficina le había recomendado, porque él la quería tanto a su lado que ya no sabía cómo convencerla de llevarla a casa, así que desde el día que la conoció, lo intentó con toda clase de comidas y premios pero ella llegaba solo hasta la entrada del edificio, luego se sentaba para un último cariño y se retiraba hacia el parque nuevamente, dejándolo solo. 

Le rompía el corazón pensar que pasaba las noches esquivando autos y aguantando frío mientras él le tenía preparado todo en su hogar, una cama suave y un techo seguro para que pudieran vivir juntos como siempre lo soñó.

Terminó de comer y le puso las patas delanteras sobre las rodillas, esperando que la mimara por ser buena chica y haber comido todo. Así que él empezó a hablarle y la guió hasta la entrada de su edificio conociendo la rutina, preparándose para la despedida cuando de pronto y sin saber por qué, ella subió corriendo las escaleras y llegó a la puerta de su apartamento, sentada frente a ella para que él le abriera. 

Ese día, por fin, la soledad se retiró y dejó que dos nobles corazones empezaran a despertar juntos cada mañana durante lo que duraran sus vidas. 

jueves, 10 de enero de 2013

Dame la derrota

- Déjalo
Eso fue lo único que atiné a decirle, de las cosas menos inteligentes que le he dicho. De las cosas más estúpidas que he podido decir.

No era un consejo, era mi deseo. Yo quería dejar de tener la mitad de la naranja para tenerla completa, ella completa.

Quería dejar de vivir la ilusión de un “Podría ser” para tener un “Felices para siempre” como si de verdad existieran los cuentos de hadas, como si yo creyera en ellos, como si pensara que en algún lugar al final del cuento realmente se encuentra la felicidad eterna que le prometen a las niñas al dormir.

No entendía cómo ella siendo tan perfecta para mi, lograba estar con alguien más si yo era para ella, si siempre fui para ella aunque antes no la encontraba y vine a hacerlo cuando ya alguien más ocupaba mi lugar.

- Olvídame

Eso me respondió.
Ella pretendía que yo sencillamente quitara los recuerdos de la cabeza y de eso que llaman corazón, fácil.

Olvidarla era olvidar muchas horas de mi vida que, en ese caso, hubieran sido desperdiciadas al estar con un ser que no destrozaba corazones ni era una villana, solo era una mujer normal con una vida normal, que apareció de repente para que mi vida tuviera un color más brillante, para que las estrellas fugaces no tuvieramos que verlas solo en el cielo sino sentirlas en la panza.

- Déjame

Yo no era capaz de olvidarla, así que ella, quizás, en medio de sus dulces labios pudiera decir las palabras que yo no podía pronunciar, que no quería decir, que no pensaba ejecutar. Si su mundo  estaba en mi contra, era su deber vencer al enemigo quien, en este caso, pedía a gritos la derrota.

- No te dejo, te olvido.


Y la puerta cerrándose fue lo último que vi.

lunes, 23 de julio de 2012

Tengo más aspiraciones.

Voy a escribir en serio. 
Siempre escribo en serio, pero esta vez voy a escribir en serio, de veritas, de un apartado de mi vida que me hizo reflexionar aún más sobre uno de los temas más controversionales con mis contemporáneos.

Tal vez no les interesa, pero contraeré nupcias en un tiempo. No ahondaré mucho en ese tema porque todos tenemos variadas opiniones con respecto al compromiso, al matrimonio, al amarrarse y al "Felices para siempre" pero necesitan saber esto para entender el interrogante.

Resulta que le conté esto a "Un(a) personaje" que conozco desde hace muy poco. Al haber expuesto mis planes, alguien secundó "Uy, nos estamos quedando atrás", a lo que el(la) personaje terció "No, yo tengo más y mejores aspiraciones en la vida"... Ok, es respetable pero ahí es que surge mi duda: ¿Por qué casarse es un freno en la vida y las experiencias de la misma?.

Lo admito, hace un tiempo atrás yo creía que no me iba a casar jamás de los jamases (primero porque no creia en el matrimonio como institución y segundo porque tampoco tenía con quién crear dicha institución). Pensaba que yo nunca iba a ser una mujer que llevara un anillo en su dedo lunar y mucho menos a permitir que en mi vida entrara un hombre, sin cláusula de permanencia. No señor, eso no era para mi.

Hasta que conocí a alguien que me hizo creer en todas esas cursilerías y por el cual entendí el matrimonio no como institución, sino como celebración. Si bien lo que más necesitamos es un papel que diga que nuestra unión está amparada por la ley (porque por la iglesia ni de fundas), también vi que esta unión un tanto simbólica era una de las mejores formas de compartirla y celebrarla con quienes más queremos.
Y mientras más pensaba en la crítica que me habían hecho por "no tener más aspiraciones", más creía en las miles de aspiraciones que me quedan y las muchas metas que tengo por cumplir. Y no por él, sino por mi... Ahora todo será mucho mejor porque mi esposo, amigo, cómplice y compañero permanente va a estar apoyándome. Además, ahora tengo más aspiraciones y metas porque están las propias y las que debemos alcanzar juntos, como pareja; sin contar las de él, que voy a apoyar y a aplaudir. 

No creo que por casarme dejo de ser yo, ni él deja de ser él (tan único, por cierto). No creo que debo dejar de vivir mi vida, ni él dejar la suya atrás. Ni que le estuviéramos vendiendo el alma al diablo, como pensarán algunos. Lo que sí creo es que se dejan atrás todas estas etiquetas y juzgamientos al encontrar a la persona que le queda a uno como anillo al dedo.

La felicidad puede ser doble y compartida, no por casarse uno debe dejar de ser independiente, creo que es la unión de dos mundos para crear un universo. Y el universo es gigante como para ser dependiente.

jueves, 5 de julio de 2012

Las dos versiones

Todos sabemos que en una historia con dos personajes, siempre hay dos versiones. Dos versiones de amores, de chismes, de estrelladas y hasta de historias en el bus: La suya, por supuesto, porque usted no estaba atravesado, el man ese lo empujó cuando usted cordialmente entraba con diplomacía al bus; y la del man ese, que dice que usted estaba atravesado y no lo dejaba pasar. Pero no solo en hechos hay dos versiones, también hay dos versiones de una misma personas.

A ver me explico con el ejemplo usual: algunos hombres (también hay mujeres con dos versiones, pero los hombres dan más papaya y por eso los pongo de ejemplo), que tienen versión original y versión beta. La primera el hombre la usa con sus amigotes, primotes y amigas, es el típico coqueto-montador-eructador que hace reír a todos; la segunda, en cambio, la usa solo con una o dos mujeres: la novia y la mamá, en ese orden respectivo. Esta versión beta tiene la cualidad de ser caballero-ensueño-complaciente que no sería capaz de hablar de manera soez frente a su prenda amada (Léase la chica-objetivo-cama), la cual vive encantada con con él, lo presenta a sus amigas, primas, mamás, tías, ex-suegras... En fin, a cualquier ser viviente al que pueda generar envidia con semejante ejemplar. Hasta ahí todo son risas y orgasmos. 

Llega un momento en el que la chica-objetivo-cama pasa a ser su verdadero amor, esa mujer por la que enloqueció y vendió su reino por ella. Es aquí, señoras y señores, que empieza el problema porque es cuando la mujer de su vida descubre su verdadero Yo (porque, dejémonos de pendejadas, ese muchacho montador es su verdadero "Yo"). Ahí es que empiezan los reclamos tipo "Cuando estás con tus amigos, cambias"; o "No me pusiste atención en toda la noche por andar apostando quién tomaba más"; o el clásico "Ah claro, como tus amigas sí te hacen reír"... Y acá es cuando yo le digo a mis compinches que la culpa es de ustedes, los hombres. Ella no se volvió cansona, usted nunca especificó que era versión beta y, por tanto, podrá ser demandado por publicidad engañosa, ya que le vendió a la niña un producto que no cumple con lo que promete en la promoción. ¿Quién lo manda a dárselas de caballero medieval, príncipe de ensueños y demás? ¿Quién le dijo a usted que tenía que no ser usted para levantar?. A mi me disculpan pero esas dos versiones aburren a cualquiera y usted finalmente va a quedar como un zapato con sus amigos y un falso con la chica.

Hágale un favor a ella (a su próxima conquista, porque si la actual conoce su versión beta, ya perdió), a sus amigos, a su familia, a su comunidad y la ciudadanía en general: sea una sola versión de usted, hágale las mejoras pertinentes si lo considera necesario pero sea solo una versión de ese ser gracioso, inteligente, interesante o cualquiera que sea su mejor cualidad. Póngase a interpretar su propio papel en esa primera salida y de esa forma sus relaciones van a ser realmente fructíferas, no eternas pero por lo menos van a ser más divertidas. sí, divertidas porque el teatrito de ser su versión beta lo va a aburrir en un par de meses, se lo aseguro.

Así que ya saben caballeros, una versión propia, original y con actualizaciones siempre será mejor que una beta, que no sabe ni lo qué es.

sábado, 3 de marzo de 2012

Los Marranitos.

Los hombres siempre dicen lo mismo: según ellos, las mujeres los "marraneamos" (dícese del verbo en que el hombre paga todo y la mujer jamás paga algo)...

Yo tengo una teoría al respecto, y es que si los hombres se sienten así, es porque ellos mismos lo permiten. Es decir, si se lo marranean, es su culpa no de la chica con la que sale. ¿Por qué? Simple, porque usted individuo masculino con ansías de acostarse con ella, permite que la invidividua femenina lo vea como una billetera con ojos, como un cajero con labios. La cuestión no está en portarse como un patán, sino en saberlas escoger.

Yo conozco a varias de esta especie que dice "A mi que me invierta si quiere salir conmigo", y la verdad es que no las recomiendo pero si usted la elige, es problema suyo. La culpa la lleva usted por elegirla y por no ponerle los puntos a la íes.

La primera vez que usted sale con ella, usted paga todo porque es la tradición, pero dejeme decirle que hay viejas que siempre pagan la mitad, o por lo menos se ofrecen. Primera señal de que es una aprovechada: Ni siquiera se esforzo en decir "déjame pagar la mitad", usted no la va a dejar pagar la mitad pero es que eso se dice por decencia, al menos. La segunda señal es que ella no dijo o insinuó siquiera que ella gasta el siguiente trago, o que gasta el postre, o algo. Y si lo hizo y usted no la dejó, usted fue el de la culpa. Si la vieja es de ese tipo, ahora sabe que usted siempre va a ser el que pague las cuentas. De ahora en adelante, usted va a pagar todo, se va a descuadrar en sueldo y va terminar sintiendo que todas las chicas son iguales... Y eso no es cierto.

Entonces si usted está saliendo con individua de esta especie y se queja por eso, puede hacer tres cosas: dejarla, seguir gastando todo en ella o decirle sutilmente que usted no puede acarrear todos los gastos de su relación. Ojo, no estoy diciendo que no vuelva a invitarla a nada, pero sí que sea equitativo. Si usted la invitó a comer un día, que ella le gaste una cerveza al siguiente... 
Si usted elige este tipo de vieja, el problema de que se lo marraneen es suyo. Los hombres eligen mujeres para eso. Los hombres inteligentes eligen buenas mujeres que no los quieren por lo que les gastan, sino por su agradable compañía.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Ahora que lo recuerdo... 
No tengo doble personalidad, 
sino doble moral.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Me extrañas.

Sé que me extrañas.
Reconozco la mirada de añoranza del pasado.
Me encuentro en las letras de las canciones que cantas.
Te veo buscando los momentos efímeros cuando estás a mi lado.
Veo la sonrisa que escondes cuando me miras.
Sé que tus manos buscan nuevamente esos abrazos
Y que tus labios quieren encontrarse con los mios.
Te escucho reír como lo hacías para que ría contigo
Sé que me extrañas.
Sé que en las noches buscas las interminables charlas.
Te cobijas en el recuerdo para no sentir el frio de la ausencia.
Me miras a escondidas en los sueños que me sueñas.
Buscas los caminos que solo una vez caminamos
O las excusas que siempre encontrabamos.
Sé que me extrañas.
Sé que sabes que no soy arrogante.
Pero también sé que sabes que no te extraño.

lunes, 11 de julio de 2011

La vida hay que cuidarla.


A mi me dijeron una vez que dejara de saltar porque eso era malo para los riñones, pero saltando alcancé miles de estrellas.

Me dijeron que no comiera tanto dulce porque eso daba diabetes, pero sonreía en soledad comiendo chocolates.

Me dijeron que no fumara porque me iba a dar cáncer, pero  igual me gustaba darme 5 minutos del día, repetidas veces al día, porque sí. Porque lo disfrutaba.

Me dijeron que dejara el alcohol porque me hacía daño para el hígado, pero cómo uno decía que no a una cerveza con los amigos.

Me dijeron que cuando me hiciera vieja todo eso iba a hacerme daño, pero qué sería de la vida sin placeres sencillos.

Me dijeron que dejara de soñar para no volverme loca, pero prefiero comerme las uñas en un sanatorio que dejar de soñar por complacer a los demás.

Me dijeron que la vida hay que cuidarla… Yo siempre preferí disfrutarla.

miércoles, 13 de abril de 2011

Pelo Carmín.

Con una especie de suspiro y un recuerdo sonando en el fondo, me toma las manos y atina a sonreír.
Esa sonrisa llena de pecado, con los labios pálidos y el pelo carmín.
Como si pudiera esconderse tras todo el rastro de soledad de sus ojos, levanta la mirada desafiante.
No la culpo.
Ella sabe que seré parte de su pasado y yo creeré en mi soñador futuro, envolviéndome en soñadores besos que no podré tener.
Suena la batería y despierto.
Solo hay una silla vacía frente a mí.
Yo juraba que no podía soñar despierto oliendo el pelo carmín.


(Basado en Andrés Spinova)

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